noviembre 25, 2013

Incoherencia.


   No es por nada, pero cuando nos hablan de la fecha del fin del mundo, aunque racionalmente haga incluso gracia, hay un segundo en que el estómago te da la punzada. En cambio no dejamos de corregir pautas en nuestra vida que nos conserven durante más tiempo saludables como si pensásemos en la muerte como algo tan lejano que no podemos vislumbrar. Primera incoherencia; nadie este a salvo de sufrir un accidente en cualquier momento. En cambio no queremos darnos cuenta que nuestros actos o actos que permitimos se están cargando el mundo de verdad. Ya lo del cambio climático va a haber que tomárselo en serio. Que digo yo que hacía más calor de lo normal… Pero bueno en invierno frío, en verano calorcito… Hasta que llegó el descontrol. Es que ahora resulta que en enero estábamos en la playa y el verano entró cuando llevábamos aún manga larga. Si es que este mundo es pura incoherencia. Si pasas de los 30  te miran raro si no tienes hijos… Cuando en tu país dicen que hay que tener niños porque hay demasiados mayores y en el futuro no habrá suficiente gente cotizando para mantenerlos, hay superpoblación. Como sigamos así no va haber recursos naturales para todos. Digo yo, no será mejor que nos repartiésemos por el mundo. Si es que es tan incoherente este planeta que teniendo una tercera parte de agua, se llama tierra. He dicho.
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noviembre 25, 2013

El romanticismo.

   Cuando tu pareja de repente, te llama al móvil y te dice que tiene algo importante que decirte el sábado: tú planeas todo el día.
   Te levantas temprano, te duchas, desayunas y …Vas a la peluquería, que previamente has pedido hora, para hacértelo TODO. Depilación, manicura, pedicura y por supuesto lavar y marcar. Almuerzas fuera preferiblemente con amigas con la que haces conjeturas de lo que te espera y presumes, ¿Por qué no?. Ahora toca ir de compras: comprarte algo nuevo con que celebrar ese día especial y luego comprar los ingredientes para esa cena inolvidable. Te pasas horas cocinando su plato favorito… Te duchas para no oler a la comida o te das un baño para relajarte. Te pones la ropita interior que has comprado y el resto… dejas que te envuelva la ropa que sabes que más le gusta. Te retocas el maquillaje y el pelo.
   Y tocan el timbre… Enciendes una vela en la mesa que previamente ya habías colocado. Te perfumas y abres la puerta.
   Te pregunta tu pareja que a qué viene esto. Y sin mirarte apenas te sienta en el sofá y te dice que ha estado pensando que es mejor que lo dejéis.
romanticismo

noviembre 25, 2013

Hablemos de amistad.


   Como chica nada más preciado que una fiesta del pijama. Como un día de pelu, pero gratis  y en la mejor compañía.Vernos de otra manera , aprender como podemos estar mejor. Sobretodo hablar de chicos, de historias pasadas, de las esperanzas en unas nuevas, o quejarnos de la que tengamos… Como un psicólogo pero gratis. Ir de compras con amigas es uno de los mayores placeres de la vida. Sentir que alguien te entiende y pertenecer a un grupo es verdaderamente importante para nuestra autoestima. Y cuando la amistad es de muchos años las vivencias compartidas nos hará entendernos con la mirada.
   Pero la amistad con un chico es un mundo aparte… Primero puede haber tensión sexual, cuando vemos que no nos atrae ni nosotras a ellos, descubrimos a una persona que deseamos que se quede en nuestra vida. Un chico si queda contigo no te llamará a última hora para decir que ha quedado con otra persona. Hablareis de cosas en las que os sintáis cómodos los dos, aunque sean conversaciones triviales. Si algo no le gusta te lo dirá directamente.  Te dará seguridad y paz porque no tienen dobleces.
   Lo importante es la amistad por encima de todo.
  

   manos_amistad
noviembre 25, 2013

Historia de un alma

   En los días encadenados de vacío, vuelan a mi mente los recuerdos de los momentos en que fui feliz.
   Puede que aún no hubiese cumplido los 14. Acompañada por unas amigas corríamos por las calles a oscuras. Ataviadas por sólo el abrigo de unas capelinas. Reíamos como campanillas entre nosotras por lo extraño del momento, por el frío, porque sí. Llegamos a una casa de pueblo antigua. Apenas tenía fachada, pero al abrir la puerta se abría un mundo nuevo para todas. Las habitaciones eran enormes, los techo altos. Entramos en una habitación donde había unas escaleras hacia abajo. Bajamos por ella como piedrecitas, que bajan por un río sin saber lo que les espera… La escalera era estrecha y las paredes estaban cubiertas por espejos. De pronto me descubrí allí. Me abrí la capelina, que justo terminaba donde empezaban mis piernas. Era verde por fuera y violeta por dentro. De raso, suave, bella, como yo… Deje al descubierto mi cuerpo. Mi mirada se deslizó por mi piel bronceada… La sugerencia de la sensualidad en la forma de la pureza. Me senté para disfrutar del momento. No sé cuanto tiempo pudo pasar. Me despertó de mi letargo las voces de mis compañeras presumiendo de la capelinas. Yo simplemente cogí de la tienda de alquiler la última que quedaba. Viendo las suyas, supongo que mis divinidades ya eligieron la más hermosa por mi y la guardaron hasta que yo llegué. Entramos a un gran salón. Repleto de gente extraña. Se nos acercó la creadora de toda esta parafernalia y nos presentó a mucha gente. Me extraño encontrar conocidos allí. Pero no me dio vergüenza, a pesar de ser del grupo de las tres que iba de aquella pinta. Me divertía. Me sentía orgullosa porque era parte del espectáculo. Aunque no sabía muy bien de que iba. La organizadora nos hablaba alegre. Me tocó por debajo de la capelina… Supongo que quiso comprobar que habíamos cumplido el trato e íbamos desnudas en su interior. Pronto volvió con él. Era moreno, de ojos negros , fuerte… Era el deseado, el admirado… todas estábamos allí por él. La única vez que nos miró. La única prueba de que estábamos allí. Siempre estaba en la lejanía, rodeado de gente admirándole. Yo sólo podía adorarle así, en mi corazón, en mi cuerpo, casi llegaba a mi alma. Se me acercó un conocido que no sabía que hacer para complacerme. Ya estaba satisfecha sabiendo que era conocedor de que estaba allí por él.
   Sentadas en la calle mis amigas y yo, recordábamos la noche anterior. Éramos un grupo en que el centro era él… Que nos miraba desde lejos orgulloso. Mi ser se estremecía de placer de sentirme su esclava. La anfitriona se nos acercó. Nos preguntó que cómo nos sentíamos… Nos explicó entre risas que tendríamos que cuidarnos a partir de ahora. Al principio eran sonrisas pícaras, que acabaron siendo burlonas. Ninguna entendíamos nada. Nos mirábamos como si hablase otro idioma o desvariase. Eso fue su segunda pregunta: Que si nos sentíamos variadas, nosotras contestamos que no. De repente fue como si hubiese desconocido el mundo que hasta ahora conocía. Cómo era posible tanta barbaridad.,, Cambió como cambia el asesino que tiene atrapada a su presa y no necesita agradarla. A carcajadas nos explicó que nos crecería la tripa. Nadie dijo nada. Ninguna sabía que decir. Continuó diciendo que estábamos en cinta, pronunciando palabras en desuso por el paso de los años. Yo respondí que era imposible, que no me había acostado con nadie en la fiesta. Ella se enfadó respondiendo que me habían elegido uno de sus mejores asociados y que yo era tan necia, que lo había despreciado. Levantó su mano izquierda, irguiendo su dedo corazón. Soltando palabras, como si soltase por su boca fuego de desprecio hacia lo inferior. Me aseguró que hacía mucho que se conocía la inseminación artificial, antes que yo existiera. Cada vez entendía menos todo aquello. Mis amigas estaban como estatuas de hielo, que necesitaban de mis preguntas para que les diera el calor de mi aliento, con sus ojos me lo suplicaban. Le pregunté que quién iba a hacer semejante cosa. Entonces rió. Rió tan fuerte que envolvió mis sentidos, tan cruel que me atravesaba, tan despiadado que desgarraba. Lo miró. Luego nos miro a nosotras desde la distancia y supimos que era cierto.
   Pasé un largo viaje de divagaciones y conjeturas. La marea me alejaba de todo y de todos. Me mecía entre dudas. Qué sentido tenía aquello, porqué yo, con qué fin, porque empezó todo aquello. ¿Cómo no pude darme cuenta de que algo fuera de mi control me estaba atrayendo, usándome y destruyéndome?.
   Sentí la necesidad de encontrar una orilla. Tierra firme en la que alzarme. En la que sentirme segura. Que todo aquello estuviese lejos. Que nunca más se acercará. Me diera cobijo, me protegiera de todo mal, de toda posesión. Que me guiara por un sendero de tranquilidad, serenidad.
   Donde antes hubo una capelina, ahora había un hábito. Que me desligaba de la carne, de la catástrofe de lo inmundo y me prometieron un él, al que yo deseaba cada día abrir mi alma. Que me enseñara un mundo de luz, que me envolviese, saciando e iluminando mi camino. No dejando lugar a elucubraciones, su voluntad en mi. Enseñándome a perdonar, para poder perdonarme y que saciándome el espíritu no hallase una tentación a la que sucumbir. Alejándome del mal. 
   Estaba en mis quehaceres diarios. Junto al altar limpiaba una imagen. La anfitriona se acerco, como se acerca el viento frio del invierno, de repente, estremecedor. Intenté huir de su presencia… Me preguntó,  por qué no estaba embarazada. Que él estaba decepcionado conmigo. Todos los niños concebidos por él aquella noche se habían esfumado por mi culpa. Que todas habíamos sido escogidas vírgenes y que habíamos sido fecundadas en una luna especial, que todo había sido calculado durante mucho tiempo para que por mi culpa se estropease todo. Yo nada respondí. ¿Quién le había dicho que era virgen?. Acaso un pecado me había salvado de las garras del propio diablo.
   El pecho me ahogaba. Caí al suelo entre sollozos. A esto que unas hermanas acudieron a mi. Para ayudarme dándome consuelo. La anfitriona se fue hacia él, siempre rodeado de gente. Un enorme desconsuelo me ardía en el alma. Había renunciado a placeres que ya nunca conocería. Renunciado a él, que su sola presencia me llenaba de vida. Una pregunta golpeaba mi sien, cortaba mi aliento. ¿De verdad valdría la pena?. Lo único cierto es que desde entonces mi vida sólo tendría un sentido. Meditar a lo largo del tiempo sobre aquellos días, su influencia y luchar porque no me atrapase por los días de los días.    

     





noviembre 25, 2013

Pide un deseo

   Allí estaba yo. Disfrutando de unos de los mayores placeres de la vida. ¿Quién podría negarlo?. Sumergida en aquella agua caliente, como si mi cuerpo formase parte de su composición. Y ese líquido una prolongación de mi. un elemento más que cobraba vida en mi cuarto de baño.
   Unas veces estaba en calma, otras en cambio se alborotaba. Formando un pequeño maremoto. Oía sus olas, a lo lejos. Yo era ola. Su rumor golpeaba mis oídos. Una vez. Otra vez. Cada vez más fuerte, como si me quisieran decir algo:
   - ¡Marta!. Te llaman.
   ¿Cómo?. ¿Qué?. ¿Quién podría destrozar mi paraíso así?. ¿ Quién podría odiar tanto aquel deleite, y odiarme tanto a mi, para arrancarme mi edén particular?. ¿ Quién podía quedar de la edad media?. Que no esperara que con esto es pecado y yo sé lo que es mejor para ti, lo iba arreglar. ¡Ya sabía que los años de Adán y Eva habían quedado muy lejos, pero yo sólo había cogido prestados 10 minutos!.
   Me envolví en mi albornoz y me lié una toalla al pelo como pude. Entre el enfado y la prisa por ver quién podía ser aquel ser. Crucé el pasillo intentando hacer el menor ruido posible, pero aún en los oídos sonaba el eco de las olas que ya se había convertido en un agradable recuerdo. Entreabrí la puerta. Asomando mi cabecita con aquella gran corona blanca, que alguien me dijo alguna vez que me favorecía. Y desde entonces a la mínima oportunidad me gustaba lucir.
   -¡Vaya!. Te hemos pillado bañándote… Este es Álvaro. Y te estaba buscando.- Balbuceó Paco. Entre una media sonrisa. Al darse cuenta que ya había puesto mis ojos en el extraño. Más bien no se los quitaba de encima.
   Álvaro. Era lo único que mis oídos aun con el zumbido habían podido percibir.
   Mi amigo entre sorprendido y mofándose miraba mi reacción. Nos conocíamos de siempre. Incluso presumía de lo bien que me conocía. Cuando supuestamente actuaba de forma diferente a como él pensaba, entonces enfadado me miraba y me decía que esa no era yo. A mi me daba risa. Pero me hacía preguntarme sin que nadie me oyera: ¿Quién soy yo?. Y me tranquilizaba pensar que por lo menos alguien lo sabía. Era mi amigo azul. Iba normalmente vestido de ropa vaquera. Llevaba los pantalones, la chaqueta y la camisa. Todo vaquero. Me preguntaba, a veces si su ropa interior seria igual. Mi amigo que había despreciado el mundo de la moda y creado su propio estilo. Que lucía con tanto glamour.
   Álvaro parecía haber salido del sueño de alguien como yo. No sé que ropa llevaba, ni siquiera si llevaba. Eso espero porque no me hubiese perdonado no mirar. Pero no podía bajar la vista de su pelo claro. Ahora sabría para siempre que color era el rubio ceniza. Que por cierto, no se parecía nada al de mi vecina, que tanto presumía de ese color, que decía lo en la peluquería de la esquina. Tenía los ojos claros. No eran azules, ni verdes. Eran color… Cielo. Ya está: Era un ángel.
   Mi gran sorpresa fue cuando estando los dos a solas en el bar del barrio me lo corroboró. Mi amigo se había marchado, al ver el panorama poniendo una mala excusa. Me contó además cómo había esperado en mi puerta donde se había presentado, para entrar los dos juntos y no llamar demasiado la atención. Yo no hablaba, escuchaba con los ojos como platos. Sin saber si reír, llorar o salir a correr… Opté por esperar.
   - Sí, sí un ángel… y yo soy caperucita roja… ¡No te fastidia!. ¡Que los reyes magos no existen!.
   -Mira.
   Abrió los brazos despacio y majestuosamente, como si de un pájaro al lanzar el vuelo se tratara. Una luz incandescente parecida a una vela ( Que tan bien conocía yo. Que por la noche a altas horas de la madrugada, más de una vez, había sido mi fiel compañera al no poder leer. Y no ser descubierta por la delatadora franja de debajo de la puerta), esta luz digo, lo envolvió como si fuese un regalo. ¿Y quién podía desearlo más que yo en aquel momento.
   No podía negar la evidencia. Lo que en primer lugar me pareció un chico corriente. Chico-guapo. Por muy guapo que fuese no dejaba de ser corriente. Su pelo rubio ceniza y sus ojos color cielo (Que ya sabía porque), su cuerpo más o menos atlético. Casi me dolía la mirada, pero así podía ver lo que antes ni tan siquiera podía imaginar. Su indumentaria se trataba de una camiseta polo de color rojo, unos vaqueros algo desgastados y unas zapatilla blancas. Un chico-corriente-guapo y quizá hasta bien vestido en esta época, pero aquella luz no podía ser más que algo divino, celestial, algo que escapaba de mi razón y no entendía.
   -Creo que he conseguido que empieces a dudar y conseguiré que me creas.
   -Creo que ya lo hago.- Supe decir.
   -Pues la verdad…-Prosiguió.- Sé que no te gusta recordarlo, porque al ser reciente aún sangra tu herida. Tu abuela que ve lo desgraciada que te sientes, no se ha olvidado de ti… Y su voluntad es que pidas un deseo.
   -¿Un deseo?.-Casi no me dejaba hablar el nudo que tenía en la garganta.
   -Puedes pedir lo que quieras. Pero… Piensa que esto no se podrás contar a nadie…Lo que consigas tendrá que ser algo que puedas encontrarle una explicación. Piensa que tu vida… Continuará como siempre a excepción de lo que pidas…
   Que buena había sido siempre conmigo. Cerré los ojos pero mi mente no alcanzaba a verla. ¿Dónde estaría?. De pequeña, cuando descubrí la muerte y supe que cuando ibas creciendo hasta envejecer, llegaba para recogerte y llevarte a sabe Dios donde… Lloraba por ella, pensaba que cuando llegase ese día, la echaría tanto de menos que no podría soportarlo. Entonces cada noche lloraba por un poco por ella pensaba, supuestamente que dividiría mi dolor. Quizá sin darme cuenta también lloraba por mi. Porque yo crecería y envejecería y un día también tendría que venir la muerte a buscarme y dar ese viaje tan lejos. Me daba miedo saber que no me podía negar, aunque no me gustase el sitio. Así que ahora no tenía lágrimas. Todo mi dolor líquido se había derramado. No podía estar muy lejos si podía verme…
   ¿Qué podía pedir?. Era cierto que estaba triste. Siempre había estado triste, pero no sabía por qué. Sólo lo sentía. ¿Quizá me sentía sola?.
   Pide un deseo… ¿Qué podía pedir yo?. ¿Sólo uno?. Qué cosa podría pedir que pudiese explicar… Que me había encontrado, que me había tocado en una rifa… Muy complicado, tendría que enseñar boletos falsos y ¿Cómo explicar que sólo había comprado para mi y no había comprado para nadie más, ni siquiera para mi madre?. Aquello empezaba a tomar forma. Quizá esto también me lo podía resolver el ángel. Siempre había pensado en ellos como en los típicos de la guarda. ¡La forma tradicional!. Una vez más me hacía pensar quién sería el insensato que había inventado los dichos tradicionales. Pobre. Como que las ranas no tienen pelo, que se vaya a África. Allí seguro que hay alguna tan simpática que le mostrará sus pelitos. Y lo malo es que había gente que pensaría como él.
   ¡UNA CASA!. Con sus puertecitas, ventanitas cuartos y todo lo que debería de tener una casa de ensueño. ¿Quién no se ha quedada dormido imaginando la casa de sus sueños, habitación por habitación, detalle por detalle?. Porque yo lo he hecho. Alguna vez se introdujo en mi sueño y por minutos quizás horas… pude vivir en ella. Sí eso era… Una casa solita para mi.
   Después de contarle mi idea. No me explico, cómo lo haría, ni pensándolo un millón de años. Pero aprovechando un pestañeo de mis ojos nos trasladamos a la casa. De pronto aparecimos entre muros grises, andando por un pasillo.
   Yo le iba explicando donde quería los dormitorios, cada habitación de mi futura casa, hasta el último detalle. No sé cuanto tiempo pasó. Pero habría estado el doble, el triple… Creo que a él también le hubiera gustado mi idea. Me miraba con gesto animado, mientras yo le daba órdenes, con la ilusión en la cara de la niña pide su regalo a los reyes magos. Y se recrea en sus palabras contando las maravillas que sabe hacer la muñeca que desea.
   De pronto se esfumaron todas las chispitas de mis ojos, mi cara iluminada. ¿Pedir una cosa que quizá apenas podría disfrutar?. Siempre fui lo que se llama de salud quebradiza, aunque no tuve una enfermedad grave. No me acordaba la última vez que me sentí bien. Que me sentí libre de reír, de hablar. Ahora sólo sabía fingir. Fingir que me divertía, fingir que me hacía gracia de lo que me reía, fingir que me hacía ilusión algo… Estaba harta. ¡Salud!. Estar siempre bien . Si estuviese bien podría trabajar y tener una casa, quién sabe incluso mejor que la que soñé. Pero con una casa no podría tener salud. Así que ese fue mi deseo.
   Le conté mi decisión y el me miró incrédulo, si me había retractado una vez, podría hacerlo otra vez.
   -Esta vez estoy segura. Quiero lo que más me falta y ahora para mi es lo más importante: Quiero salud.
   Sonrió y tan sólo dijo:
   -Espero que seas muy feliz. Mi trabajo ya ha terminado.
   Me acarició la cara mientras su figura se desvanecía. El iba desapareciendo y yo me daba cuenta lo feliz que había sido aquellos días con mi ángel. Mis ojos humedecían su imagen…
   -¡QUÉ TENGO QUE HACER PARA QUE TE QUEDES!.
octubre 15, 2013

ATHALIADAS I-X

                                           I

Escribe en letra clara para que cuando lo leas, entiendas lo que escribes y reconozcas tu letra. Realiza tus actos reflexivamente , para luego reconocerte en ellos y no convertirte en un extraño.

                                          II

Entre dos árboles frondosos la sombra no dejará crecer un tercero entre ellos. Aléjate de los opresores más fuertes que tú o resígnate a ser pequeño.

                                          III

Si el pez grande se come al pequeño, muchos pequeños pueden vencer al grande. Cuando tengas un enemigo poderoso, resígnate o busca para vencerle otros como tú.

                                           IV

No hay un rival tan débil que sea insignificante, porque aunque sea pequeño su odio puede ser grande y sus ganas de venganza muchas.

                                           V

Divide a la gente entre amigos y enemigos, porque habrá gente neutra y aunque se muestren atentos en tu presencia, no sabes si se comportarán de igual manera con tus enemigos.

                                          VI

Cuando conozcas a alguien nuevo deja que te elija como amigo si quiere, porque si le haces participe de tus problemas y decide irse con tu enemigo, habrás hecho a tu enemigo más fuerte.

                                         VII

Intenta que tus enemigos no sepa que lo son, porque si no conjurarán entre ellos contra ti.

                                         VIII

Cuando veas varios enemigos tuyos en coro, ten por seguro que en una de sus conversaciones estarás tú.

                                         IX

No respondas a las provocaciones de tu enemigo. Si lo haces, cada vez que te vea su odio florecerá en su boca. Si no lo haces, se sentirá ridículo, frustrado, desconcertado, se cansará y lo dejará.

                                         X

El ser inteligente sabe sacar sabiduría de todo lo que ve, escucha o hace. Incluso de lo que no se debe hacer.

octubre 15, 2013

ATHALIADAS XI-XX

                                            XI

Existen experiencias, que no valen lo suficiente por su experiencia en comparación con el sufrimiento.

                                          XII

No te vanaglories de la justicia delante de alguien a quien se la niegan, porque sin saberlo le insultarás.

                                         XIII

No presumas de casa delante de un indigente. Pues quizá en otro tiempo su casa fue mejor que la tuya y tú con el tiempo también te veas en la calle.

                                        XIV

Desconfía de una pregunta improvista, porque quizá para ti no tiene importancia, pero su interlocutor puede que lleve días preparándola.

                                         XV

No le des la espalda a quien esquiva tu mirada, porque si no es capaz de enfrentarse a ti, si te traiciona será a la espalda.

                                        XVI

Cuando hagas un amigo nuevo escucha como habla de sus demás amigos, porque así hablará de ti, si trabáis amistad.

                                        XVII

Cuando tu enemigo te haya ganado una batalla, calla y cabila, porque mientras tengas vida habrá guerra.

                                      XVIII

Si a tu vida llega un enemigo del pasado, no confíes en él. Pues si chocasteis, chocareis y su odio se sumará al anterior.

                                       XIX

Cuando las ventanas puedan tener ojos y las paredes oídos. Mide lo que hablas o mándales mensajes. Que en tu conversación seas consciente de ello.

                                       XX

El que te espía no es tu amigo, pues todo será para cuchichear. Y tu amigo te preguntará para ayudar.

octubre 15, 2013

ATHALIADAS XXI-XXX

                                        XXI

No tengas un mejor amigo al que le cuentes tus secretos, pues se puede voltear en enemigo y usarlos contra ti.

                                       XXII

Cuando tengas un amigo vengándose de su enemigo mira y aprende, porque el próximo podrías ser tú.

                                      XXIII

Cuando asistas a una conversación peligrosa, no te fíes del que escucha y asiente. Si no se expone no tendrá reparos en contarlo salvándose él.

                                      XXIV

No te fíes del amigo que habla poco. O no se fía de ti o es que lo que escucha, se lo cuenta a otro y teme que se lo hagas a él.

                                     XXV

No descuides los sueños, pues si bueno es el consejo de un amigo, mejor será el que te des tú mismo.

                                    XXVI

No traiciones a un amigo, pues a este enemigo lo tendrás por tu culpa y tendrás enemigo y culpa.

                                    XXVII

Si un amigo te pide que te traiciones a ti mismo, que deje de ser tu amigo, pues ya te demostró que no lo es y te convertiría en algo que tampoco eres.

                                  XXVIII

Se siempre tu mejor amigo y reflexiona con tiempo todos tus actos, o un día te mirarás en el espejo y te horrorizarás.

                                  XXIX

No presumas nunca de nada, porque siempre habrá quien tenga más que tú, incluso en desgracias.

                                  XXX

Cuando un amigo sin venir a cuento se emocione y te diga que nunca se enfadaría contigo, desconfía ya se está despidiendo.

octubre 15, 2013

ATHALIADAS XXXI-XL

 

                                    XXXI

   Cuando un amigo te aconseje hablar en otro espacio, desconfía es que sabe que ya oyeron una conversación vuestra allí y no lo dice.

                                   XXXII

   Si un amigo tiene problemas y pasa mucho tiempo junto a ti, aléjate un poco , pues podría desahogar su rabia contigo y romper la amistad.

                                   XXXIII

   Conócete lo máximo que sepas, pues así sabrás cuando actúas por influencia y si es buena o mala para ti.

                                   XXXIV

   Si un amigo se aleja no lo llames, si hubiese decidido ser un buen amigo volvería.

                                   XXXV

   Si un amigo te abandona respétalo. Guarda los buenos recuerdos y piensa que tú también abandonaste a otros.

                                   XXXVI

   Si un amigo que te habla de todo el mundo, a alguien no nombra. No le preguntes por él, ya te dejo claro que no le quiere nombrar.

                                  XXXVII

   No te fíes de amigo que mira entre tus cosas, es que quiere saber cosas de ti, aunque tú no se las quieras contar.

                                  XXXVIII

   Niega tus cosas y no pidas al amigo que pide todo prestado. Pues con todo no tiene bastante, o bien podría darte algo que estropeases y te enemistará con su verdadero dueño.

                                    XXXIX

   Cuando un amigo entre en una reunión tuya que no haya sido invitado, despídelo amablemente. Pues él también tendrá reuniones en las que no te invitará.

                                      XL

   No consientas a un amigo a caprichos y elogios, pues cuando encuentre quien le consienta mayores caprichos y elogios te olvidará. 

     

    

      

  

octubre 15, 2013

ATHALIADAS XLI-L

                                                               XLI

   Enfréntate al amigo que habla a tus espaldas, pues si lo guardas, llegará el día en que no sabrás como comportarte delante de él.

                                         XLII

   Si un amigo habla mal de ti, reniega de él, pues cada vez que lo veas te acordarás y ya no verás a un amigo. 

                                                             XLIII

   Si haces una fiesta invita a todos los amigos que tengas, pues si alguno se entera que no fue invitado se enfadará.

                                          XLIV

   Si tienes problemas no llames a nadie, pues si algún amigo te quiere consolar, cuando se entere de tu problema vendrá él solo.

                                          XLV

   Observa a tu amigo cuando le hablas, pues puede que no le interese tu conversación y sólo venga a desahogarse contigo.

                                         XLVI

   En una reunión observa los movimientos de tus amigos, pues cuando le interese una conversación, su cuerpo lo delatará.

                                        XLVII

   Si tu amigo viene a tu encuentro cada vez que tenga un problema no confíes, cuando esté feliz será otro amigo al que buscará.

                                        XLVIII

   Cuando un amigo se queje de su poca suerte y su pobreza, desconfía si su suerte cambia, también cambiará de amigos.

                                         XLIX

   Si un amigo te llama llorando consuélalo, pero no le digas si se equivoca, pues su llanto se tornará en cólera contra ti.

                                           L

   Si un amigo cuchichea sobre ti desconfía, pues te demuestra que es más amigo del interlocutor que tuyo.

 

  

octubre 15, 2013

ATHALIADAS LI-LX

                                           LI

   Si un amigo te roba algo insignificante desconfía, pues si no tiene escrúpulos para robarte algo pequeño, tampoco para algo valioso.

                                        LII

   Del amigo que desconfíes que no sea amigo, que sea compañero en trato superficial y en reuniones concurridas.

                                        LIII

   Del amigo que te juzga duramente y consiente que lo juzgues tú también consérvalo, pues vuestra amistad es fuerte.

                                        LIV

   Del amigo que viene sin llamarlo consérvalo, pues si le agrada tu compañía y te es leal, tú aprenderás a apreciarlo.

                                        LV

   Del amigo que te acompaña cuando todos se van consérvalo, pues te muestra su amistad, cuando otros la olvidaron.

                                        LVI

   Cuando te busque un amigo del pasado acéptalo, pues si la vida os separó, él ha encontrado el camino que lo vuelve a ti.

                                      LVII

   Cuando un mal amigo del pasado se quiera volver amigo recházalo, pues es que en este tiempo no ha encontrado quien lo sufra pacientemente.

                                      LVIII

   Si abandonaste a un buen amigo habla a todos bien de él, pues puede que llegue a sus oídos y quiera volver a ti.

                                       LIX

   Cuando conozcas a alguien sin amigos no fuerces una amistad con él, pues puede que no tenga amigos porque el no quiera.

                                        LX

   Cuando conozcas a alguien obsérvalo y escúchalo, pues podrías darte cuenta que no merece tu amistad, cuando te has confiado en él.

mayo 04, 2013

Echadas a suerte.

   En la gran despedida que hace el sol para dar paso a las estrelladas noches de verano. Paseaba en compañía de algo que parecía que estuviese a punto de nacer en el parque. Entre bromas y juegos oscureció. Preferí quedarme sentada saboreando aquel instante antes de volver a casa, la cena, preparar las cosas para mañana… Antes de volver a la rutina, quise exprimir las sensaciones que chisporroteaban dentro de mi ser. Como si fuese una droga, un chute de felicidad. Que quería disfrutar en soledad. Creo que siempre habría que hacerlo por que estos instantes suelen durar tan poco… Como así me sucedió a mí.
   A  pesar de la hora paseaban gran número de gente por allí sobre todo jovencitas, con sus trajes de colegiales y algunas almas ya mayores, supongo que retrasando la hora de encerrarse en sus casas vacías. Evitando sin darse cuenta a la tan temida soledad. Viendo el pasar de la gente, como si fuese el baile de una gran caja de música. Al son de la melodía de los grillos, me dormí.
   Cuando abrí los ojos, sofocada y con un leve dolor de cabeza, me vi rodeada de toda esa gente haciendo aspavientos de desesperación. Al principio creí que el sueño no me había abandonado. Pero luego entre la sorpresa y la desesperación, no pude por menos, que pertenecer a un cuadro tan dantesco.En una habitación donde apenas cabíamos, en penumbra todos a la vez en una perfecta desincronización buscamos la salida de aquel… Horror. Después de largo rato de descontrol conseguí hacerme una idea de donde nos hallábamos : Una habitación de unos nueve metros cuadrados por dos de alto, con una pequeña ventana y un gran portón. Todo de chapa, incluido la pared. Éramos doce colegialas, tres señoras de mediana edad, dos ancianos y yo. No sé cuanto tiempo había pasado, pero ya muchos cansados de la desesperación yacían en el suelo como ausentes. Unas muchachas se abrazaban llorando. El resto no dejaba de mirar por la ventana preguntándose en voz alta:
   -¿Donde estoy?.
   -Pero, ¿ Porque nos han traído aquí?.
    -Yo me quedé dormida justo antes de aparecer aquí.-Musité yo. A lo que la mayoría asentía con la cabeza.
   -Hija, todos despertamos aquí, por lo visto nos drogaron… ¡El agua de la fuente!.
   Todos sorprendidos, afirmamos a la vez. Una de las niñas en un ataque de histerismo se separó de las demás, empezando a golpear la puerta. Gritando a toda voz:
   -¿Qué queréis de nosotras?. ¡Dejadnos marchar! .-Pronto sus compañeras fueron a separarla de la puerta temiendo por su vida y por la de ellas. Un folio entró por debajo de la puerta donde se podía leer:
   -Busco en el resurgir de la belleza.
   De un golpe se abrió la puerta metálica como se abren las entrañas de una madre y todos salimos rápidamente como pardillos asustados, sin saber ciertamente si lo que nos esperaba fuera sería aún peor. Dimos con un amplio pasillo, rodeado de muros blancos encalados, seguimos su senda que nos llevó a un recoveco a la izquierda. Una enorme roca de pizarra que sobresalía por encima de nosotros acabó por ser una guarida. Podíamos ver el cielo iluminado por una tenue luz del día, pero la roca nos cobijaba en su sombra. Después de largo rato gritando sin escuchar respuesta, nos decidimos a descifrar aquel mensaje o lo que fuese. Lo leímos largo rato. Tan repetidas veces que parecía un cuento sin fin. Agobiada de sentirme atrapada en ese pensamiento, en aquel pasillo, en aquella situación…  Empecé a hacerme estiramientos y repetir la frase. Luego pensamientos absurdos que golpeaban mi mente, esperando que fuesen la llave del cofre del secreto.
   - Busquemos la belleza de la roca.
   Las niñas pronto se pusieron frente a mí imitándome. Frente a ellas pasaron el resto de los presentes. Los dos ancianos y las señoras. Apenas podían moverse, se apartaron a un lado meditabundos, decrépitos . Contrastaban la imagen añeja de estos y la frescura de las niñas.
   - ¡La belleza!.-Grité. Todos me miraron atónitos. Y de pronto la noche otra vez.
   Cuando volví a despertar todos volvíamos a estar encerrados de nuevo en aquel cuartucho. Esta vez fui yo la que me acerqué al portón gritando.
   -Pero, ¿ Qué queréis de nosotros?.
   La idea de un secuestro ya se nos había pasado a todos por la cabeza pero aquello era más extraño, siniestro. Volvieron a pasar una hoja por debajo de la puerta. Me la dieron pero no fui capaz de leerla. Eran letras puestas aleatoriamente algunas al revés. Pasamos la hoja de unas manos a otras, negando con la cabeza. La girábamos, la poníamos al revés, pero nada. Me sentía impotente de no poder salir de allí, de no poder ayudar a nadie ni tan siquiera a mí. De pronto se volvió a abrir el portón. Salimos todos al mismo pasillo. Uno de sus lados, el derecho concretamente estaba abierto. Las niñas corrieron hacia el mientras las perdía de vista. Volví a entrar al cuarto a coger el papel que esta vez se encontraba encima de un circulo de aluminio con una luz ámbar como un faro de coche.-La sabiduría es algo que se obtiene con ella, vendrá.-Salí al final del pasillo y vi a lo lejos todas las niñas con lámparas como la mía en grupo chillando y daban la vuelta a la falda de una montaña a 50 metros de mí. Pero a oscuras, no volvieron sobre sus pasos si no que corrían en línea recta hacia la izquierda formando una algarabía de gritos, volviendo a difuminarse sus siluetas. Mientras la especie de linterna empezó a encenderse y apagarse. Apareciendo y desapareciendo la cara de alguien desconocido. En mi mente albergaba la pregunta:
   -¿Quién?.
   Y pronto hallé la respuesta. El suelo se abrió bajo mis pies. Junto a las tres señoras y los dos ancianos caí en un túnel de red. Volviendo a la libertad.
   El periódico habló del “asesino del zodiaco” porque todas las niñas fueron sacrificadas y eran de distinto signo. Sólo sé que alguien jugó con nuestras vidas como el niño que juega a policías y ladrones. Yo formé parte de su juego sin más importancia para él que un cromo, un balón … Que poco puede valer para alguien la vida humana. Una vida como la mía. Como la tuya.        
f echadas a suerte
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